4.2 Reducción de la barrera electoral hasta el 0,25%

El objetivo más importante que debe lograr una reforma electoral debe ser el de reconocer el derecho al voto libre de todas las personas independientemente de la provincia en la que voten. Este objetivo puede conseguirse implementando diferentes sistemas electorales, cada uno con sus particularidades, unos más fáciles de entender que otros. Independientemente de que esos sistemas incorporen elementos como las listas abiertas o desbloqueadas, el voto múltiple ponderado, el voto único transferible, o modifiquen el tamaño de las circunscripciones; hay un elemento que es irrenunciable: la reducción de la barrera electoral.

Para las personas que viven en circunscripciones pequeñas y que no quieran votar a los dos partidos grandes, la barrera electoral no es el 3% que aparece en la legislación. En la práctica, esta barrera electoral depende del porcentaje de voto de los partidos que sí obtuvieron representación. La consecuencia es que una gran cantidad de votos -en ocasiones extraordinariamente superiores a ese 3% del voto provincial- serán desechados y no servirán para nombrar diputados de esas opciones políticas.

En las elecciones generales de 2011, el 12,54% de los votos emitidos fue desechado. Para resolver esta cuestión basta con añadir 30 escaños a los 350 que hay actualmente, nuevos escaños que se elegirían mediante la aplicación de la fórmula d’Hondt a los votos que no fueron utilizados para nombrar a los 350. Así se consigue reducir la barrera electoral hasta un 0,25% sin necesidad de modificar el tamaño de las circunscripciones ni el tipo de voto. Esta barrera se aproxima al porcentaje que se obtiene dividiendo el total de votos emitidos entre 380, es decir, se parece mucho a la barrera natural que habría con circunscripción única.

Aunque esta modificación no logre por si sola el sistema más proporcional posible, puede, a medio plazo, favorecer cambios políticos que de otra manera serían prácticamente imposibles. Los resultados de las elecciones municipales nos dicen que en las circunscripciones pequeñas, los partidos que han logrado la hegemonía han sido, con diferencia, dos partidos grandes. Y dado que para las municipales no existe el argumento del voto útil, esto puede interpretarse como que el resto de partidos no tiene suficiente empuje para consolidar una estructura allá donde hay una imposibilidad práctica de lograr un resultado en las generales. Parece lógico que, ante esta imposibilidad, los activistas tiendan o bien a tratar de condicionar la política a todos los niveles desde dentro de los dos partidos hegemónicos o bien desde fuera de los partidos políticos; y no tanto desde dentro de otros partidos políticos, tan necesarios.

Así, el hecho de que en circunscripciones pequeñas el voto a un partido minoritario sí cuente, puede animar el crecimiento de partidos alternativos independientemente del tamaño de la circunscripción. A medio plazo, estos partidos podrían tener esperanzas de superar la barrera electoral provincial -dado que debido al crecimiento de tales partidos, la barrera bajaría- lo que allanaría el camino reducir el “bipartidismo artificial” en estas circunscripciones. Y por ende en toda España.

 

 

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