El estándar ético – proporcionalidad en el salario máximo

Aunque sería muy deseable que el estándar ético a tener en cuenta incluyera también variables como el impacto ecológico, la política de subcontrataciones y etcétera; el presente documento quiere, por simplicidad, enfocarse a poner en el centro del debate la justicia social en lo que se refiere al reparto de los beneficios empresariales entre los empleados de las empresas. Dado que lo que se quiere promover es un cambio en los hábitos de consumo, será necesario partir de la existencia de una cantidad suficiente de empresas que ya cumplan el estándar.

Para ello, puede tener sentido la aplicación de la siguiente “regla del 10%”. Esto es, fijar un estándar que cumplan al menos el 10% de las empresas de cada sector y de cada barrio. De esta manera, el consumidor podrá disponer al alcance de la mano de esas otras opciones de compra, alternativas a las empresas que peor reparten sus beneficios entre sus empleados,. Tal estándar sería revisable cada cierto tiempo, cada año, cada cuatro años (en función de los medios técnicos y presupuestarios que consigan destinarse a tal efecto): para endurecerlo (ya sea cambiando la fórmula o incorporando nuevos criterios).

Ejemplo de fórmula

Claro está, entonces, que para fijar la fórmula del estándar ético será necesario disponer de todos los datos reales acerca de los sueldos que paga cada una de las empresas ligadas al territorio en consideración. No obstante, detengámonos un momento e ilustremos la propuesta con un ejemplo de fórmula de estándar ético:

SMÍN > SMI + (SMÁX – SMI)/4,

donde SMÍN es el salario del empleado que menos cobra en la empresa, SMI es el Salario Mínimo Interprofesional (fijado en la actualidad en 707,60€) y SMÁX es el salario de la persona que más cobra en la empresa. Así, este estándar ético se cumplirá cuando SMÍN sea efectivamente mayor que el cálculo efectuado a la derecha del signo >. Podríamos suponer que para el caso de los empleos a tiempo parcial, el sueldo pueda prorratearse, de modo que la fórmula se aplicara considerando el sueldo por horas y multiplicándolo por 40 horas semanales. También podríamos considerar una cota de temporalidad; por ejemplo, haciendo que ninguna empresa que mantenga en plantilla a más de un 20% de empleados con contrato temporal, pueda cumplir el estándar.

En particular, este ejemplo de fórmula dejaría automáticamente fuera del estándar ético a todas aquellas empresas con una proporción mayor a 4, reduciéndose más aún tal proporción cuanto más pequeño es el salario máximo. Veamos:

Si SMÁX = 2000€, entonces SMÍN = SMI + (SMÁX – SMI)/4 = 707,60€ + 323,1€ = 1030,7€;  luego la proporción máxima sería de 1,94. Esto es, si el salario mínimo es mayor que 1030,7€, la empresa entraría dentro de los estándares éticos.

Por otra parte, si SMÁX = 7000€, entonces SMÍN = 2280,7€, luego la proporción máxima sería de 3,07. Cuanto más grandes sean los beneficios de la empresa en cuestión, lo que suele traducirse en más dinero para los altos cargos, mayor sueldo deberá pagarse también al resto de los empleados. Dicho de otro modo, este sistema permite mantener cierto incentivo del empresario a ganar más dinero, pero solo a cambio de aumentar la calidad del empleo de los trabajadores de su empresa.

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